Tiroiditis de Hashimoto Entre dolamas y sobrepeso

May 19, 2018

Acabadita de dar a luz de mi primer hijo, Rodrigo, podría decir que a los dos meses, empecé a sentir ciertos dolores en el cuerpo fuera de lo común: sentía que todas las coyunturas del cuerpo me dolían, un dolor intenso de espalda que me dificultaba caminar derecha, dolor de un lado de la cabeza, en fin, alrededor de todo el cuerpo. Asumí, así como me advirtió mi familia, que se trataba de las consecuencias que traen el mal dormir (a causa de un bebé lactante), y de la falta de descanso. A medida pasaban los meses, me fui poniendo peor, y ni las dietas a base de lechuga y pollo, ni el gimnasio, ni los tratamientos estéticos a los que me empecé a someter para bajar de peso, ni las Orliscast que me tomaba para ese mismo fin, me ayudaban a perder esas 40 libras de más que aún tenía a los 7 meses de alumbrar.

Aquí con German y Rodrigo de meses, en esos días de turbulencia en que no tenía un diagnóstico certero)

 

 

 

 

(En mi primera actividad luego de regresar a mi trabajo. Parecía feliz, pero por dentro ¡muy adolorida!)

 

Confieso que fueron días muy duros, porque sentía que el mundo se me venía abajo, al visitar doctores de diferentes especialidades, y sentarme a escuchar sus desacertados diagnósticos: entre que lo mío se trataba de una depresión, que tenía fibromialgia, hasta que era una hipocondríaca. Y así fue cómo me fui convirtiendo en una experta de las imágenes médicas: resonancias magnéticas, tomografías, rayos X, sonografías, medios de contraste, más pruebas de laboratorios, hasta de esas especiales que mandan al extranjero, que duran un mes en llegar, ya que a todos fui sometida, y todos los investigué antes de.

 

Aún sin un diagnóstico, no tenía qué responder a quienes se burlaban de mi sobrepeso. Fueron muchos los que hirieron mis sentimientos con sus “se echó Helen al descuido”, “quién la manda a parir muchachos”, “parece que sigues embarazada de 6 meses con esa barriga!”, pero en el fondo tenía la esperanza de que daría con un buen médico que descubriera qué había detrás de todo esto.

 

Y quién lo diría… Tantos médicos de consultorios elegantes a los que asistí. Un día, hablando con una buena amiga, me recomendó ir a una doctora que contaba con un modesto consultorio en una clínica poco reconocida, y cuyos honorarios eran, por mucho, los más bajos que había pagado en todo este proceso. “Eso me huele a tiroides…”, me dijo al instante de verme. Cuando me tocó la glándula, lo confirmó, ya que al estar inflamada, pegué un grito de dolor. Luego de mandarme a hacer una simple prueba, por fin me dio el tan esperado diagnóstico: “tienes Tiroiditis de Hashimoto”.

​(Tiroiditis de Hashimoto: Es una afección causada por una reacción del sistema inmunitario contra la glándula tiroides. A menudo trae como consecuencia una disminución de la función tiroidea (hipotiroidismo).

 

Yo, ignorante del tema al fin, solo atiné a preguntar si tenía cura. Pues en mi caso, tenía un bocio multinodular, lo que hacía que mi tiroides estuviera aumentada de tamaño. La doctora me dijo que había que extraerme la glándula, ya que tenía células anormales en la misma. Ante tan desalentador diagnóstico, mi padre, siempre positivo, solo dijo “Eso con rábano se te quita”, y así fue, a pesar de que algunos médicos aconsejan que su consumo sea mínimo si se sufre de tiroides, específicamente de hipotiroidismo.

 

Pasaron unas dos semanas en que el rábano me lo comía hasta con pan. Como es de saber, nuestros abuelos siempre solucionaban sus dolamas con remedios caseros, y mi papá no era la excepción. Cuando regresé al médico, sorpresivamente los nódulos habían desaparecido, y la tiroides había bajado bastante de tamaño, de modo que no hubo que extraerla, para mi tranquilidad.

 

De lo que nadie me salvó, fue de quedar hipotiroidea, pues esta es una condición que típicamente sucedes tras la Tiroididitis de Hashimoto, en la cual hay que tomar medicamento de por vida (Levotiroxina), para controlar la función de la tiroides.

Luego de unos meses del diagnóstico, y de estar en tratamiento, empecé a bajar de peso y los dolores empezaron a desaparecer. Volví a la normalidad! Y a dirigirle la palabra a la amiga que me había dicho que parecía que tenía 6 meses de embarazo aún jejeje.

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