Una cervecera en la Revival Brewing Company

May 13, 2018

 

En mi familia somos cerveceros. Recuerdo a mi tío Rafelito, reconocido por sus dotes en la cocina,  ponernos, en nuestra temprana juventud,  un vasito plástico a mis primas y a mí al lado del plato de comer, para disfrutar junto a sus manjares de una cerveza Presidente bien fría. Desde ahí nació mi gusto por esta bebida, y de ahí a que se me entrara la curiosidad de ir a visitar una de las fábricas de cerveza más atractivas de mi estado, Rhode Island, la Revival Brewing Company.

 

 

 

 

Invité a German para que me acompañara a conocer la historia de dicha marca, y viviéramos juntos la experiencia. “¿Y esos tacos?” fue lo primero que me dijo cuando me vio lista, ya que cuando mencionamos el término “fábrica” es sinónimo de “flats”, “tenis”, “comodidad”… ¿Pero quién entiende a las mujeres? Ese día me dio con ponerme estos que saqué del baúl de los recuerdos (mejor dicho, del baúl en donde entré toda la ropa cuando salí embarazada), y no fue hasta llegar hasta esta foto que me arrepentí de aquella osadía.

 

 

 

 

 

Me he dado cuenta al ir descubriendo las historias detrás de grandes marcas, de que todas coinciden con el sueño inicial de su fundador o fundadores, y su pasión por el trabajo que realizan para posicionarla. Realmente son personas que disfrutan de lo que están creando, y confían en el valor de sus resultados, y esta no fue la excepción.

La historia de esta empresa comenzó cuando su creador, Sean Larkin, un maestro cervecero con más de 19 años de experiencia en el área, trabajaba para diversas plantas cerveceras. Ha sido ganador de 14 importantes premios como el Great International Beer Festival y el World Beer Cup. En un momento de su carrera, empezó a soñar con crear su propia cerveza (como cuando decimos ¡es hora de crear mi propio proyecto! Puede ser difícil… pero no imposible).

 

Se juntó con el también emprendedor e inversionista,  Owen Johnson, quien llevó su experiencia por más de 20 años en el mundo de los negocios, a la creación de este nuevo imperio reconocido como Revival. Juntos son dinamita. Ellos aseguran que a través de su empresa, se comprometen a crear cervezas maravillosas y distintivas que atraigan a todos, desde aficionados a la cerveza (como yo) hasta aquellos que recién empiezan a experimentar el mundo de las cervezas artesanales.

 

 

 

El equipo fue muy simpático al recibirnos. Luego de recorrer la fábrica y ver cómo se desarrolla el proceso de producción, nos llevaron al tasting room, cuya decoración es muy original y a la vez, jovial.

 

 

 

Me transporté a una época de mi niñez en que jugaba Street Fighter con mi hermano.  Hay un área de videojuegos retro, mesas con una selección de juegos de mesa (interesante para compartir, en estos tiempos en que la gente anda en grupo, pero a la vez se envuelven en las redes de las redes).

 

 

German y yo nos sentamos en la barra, en donde Kevin, con vasos en mano, nos empezó a presentar cada una de las marcas que fabrican, cuya variedad comprende 24 tipos de cervezas diferentes. Pero ¡no le probamos todas! Esto es cuestión de ir par de veces para seguir degustando.

 

 

Entre mis favoritas (y no porque el logo es rosado, con dos hermosos flamencos), fue la Pinky Swear Berliner Weisse, en la que combinan agua con toneladas de frambuesas y arándanos, que al final de la fermentación da como resultado una bebida refrescante y agria deliciosa.

 

 

Una que llamó mucho a mi atención fue la Mercy Brown Imperial Ale, que ofrece ricas notas cálidas de Malta para despertar los sentidos. Ciruelas secas, maltas tostadas y tonos de caramelo oscuros terminan con un picante sabor a hierbas.

 

 Esta del monito simpático (German dijo que no, que es un gorila) fue la favorita de él.  Es la Holy Moley Coffee Stout, Una mezcla de maltas -nutria Maris de Inglaterra, chocolate, cristal, cebada asada y trigo de chocolate, junto con los lúpulos de EKG y el café eléctrico blanco especialmente asado de los nuevos asadores de cosecha, crean una bebida compleja con notas de café agridulce y chocolate.

 

 

Fue una experiencia muy enriquecedora y a la vez divertida. Son las historias que nos inspiran a salir de nuestra área de confort y emprender negocios propios, bajo nuestros sueños e ideales.

 

German y yo seguimos la ruta ese día, y fuimos a parar en un restaurante italiano en donde luego degusté la mejor pasta Fruti di Mari que me he comido. No se pierdan ese post! See you letter alligator…

 

 

 

 

 

 

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